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La 'Guía para un consumo más responsable', editada por la Fundación César Manrique, ha sido la última aportación de Alfonso del Val para aquellos ciudadanos que quieren evitar el deterioro de su entorno. Experto en la gestión de los residuos, advierte del grave problema que se le avecina a Lanzarote con un vertedero "más que saturado".
—Ha publicado recientemente una guía donde se señalan pautas para consumir de manera más responsable. ¿Cómo consumimos los lanzaroteños?
—Mucho. No creo que haya pautas específicas que distingan a un ciudadano lanzaroteño de otro que viva en otro lugar. Pero es característico de Lanzarote que se consuma mucha energía porque el agua es desalada. Quizás haya una especificidad porque se ha pasado en poco tiempo de una isla con niveles de renta muy bajos a otra con niveles altísimos y seguramente todavía se esté en un estado de euforia por consumir.
—¿Dónde se perciben los hábitos de consumo?
—Desde la época de los griegos, el que tenía disponibilidad de adquirir buscaba la calidad y la durabilidad, y era un prestigio tener un objeto o un mueble que durase. Es curioso que en la sociedad de usar y tirar una de las cosas que más se valoran son los objetos antiguos que no tienen utilidad. Sin embargo, vivimos valorando inconscientemente lo que no dura. Nunca ha habido tanta capacidad tecnológica para hacer cosas durables como ahora. Y no es que no se hagan, pero es el propio sistema de usar y tirar el que sostiene económicamente el modelo. A través e la publicidad se ha sustituido la ética de hacer bien las cosas.
—¿Cree que la publicidad es tan importante?
—La publicidad sustituye los principios éticos para convencer al ciudadano que ahora que tiene de todo, tiene que cambiarlo cuanto antes por otras cosas distinta. Si se cogieran lavadoras de hace 20 años, se vería que no han cambiado mucho salvo el exterior.
—¿Qué comportamientos básicos tiene que seguir una persona que quiera que su consumo tenga el menor impacto posible?
—En alimentación, consumir los productos más locales que se pueda, los que tengan menor contenido de envase y embalaje, los que estén menos manipulados, a ser posible con etiquetado ecológico. Buscar envases rellenables. Aquí me encontré con un caso impensable. Recuerdo que los envases de extraordinaria calidad que desechaba de Inalsa, empresa del Cabildo, iban directamente al vertedero, cuando deberían tener un sistema de retorno. Por otro lado, en cuanto al transporte, utilizar el público, aunque aquí te encuentras pocas posibilidades. En una isla como ésta, que es plana, es increíble que no exista un sistema de bicicletas, que seguro que atraería a turistas concienciados.
— ¿Este modelo de consumo de 'usar y tirar' que describe tiene futuro?
—Afortunadamente ya no sólo lo decimos cuatro, como hace muchos años. En la cumbre de Río del 92 ya se dijo con una dureza inusitada algo sobre el agotamiento de los recursos del planeta que diez años antes no se le habría ocurrido al grupo ecologista más radical. Como no nos quedan recursos al ritmo de consumo que tenemos se creó el mito del desarrollo sostenible, de forma que a las generaciones futuras les garanticemos los recursos disponibles que tenemos ahora, algo que es una falacia.
—De algo habrá valido este cambio de perspectiva.
—Si bien se crearon herramientas, etiquetas, etc, para un consumidor que quiera ser coherente con el planteamiento de no agotar los recursos, lo cierto es que éstas no han triunfado. Si te vas a un mercado, para comprar una zanahoria ecológica das mil vueltas. Incluso en Canarias, donde hay bastantes cultivos ecológicos. Las etiquetas energéticas para electrodomésticos hace cuatro días no estaban en ningún lado.
—El consumo está íntimamente relacionado con los residuos. ¿Cómo ve usted la gestión de los residuos en Lanzarote?
—Desgraciadamente muy mal. Yo hice un anteproyecto de plan de residuos para Lanzarote que me encargó el Cabildo a finales de los 90 y entonces Zonzamas ya estaba bastante cargado. Ese plan por supuesto no siguió más pasos, no se convirtió en oficial. Al final, las pautas del Gobierno de Canarias contemplaban un proceso de biodigestión para la materia orgánica y un proceso de clasificación para reciclaje de los productos no fermentables. Hoy en día, ni la planta de biometanización funciona ni la planta de clasificación, que está terminada, funciona. Y Zonzamas está mucho peor que antes, se ha gastado mucho dinero de fondos estructurales, que es una práctica muy triste en España, donde se hacen plantas costosísimas que al final no funcionan.
—¿Está en un punto de saturación?
—El vertedero ya está más que saturado. Es un vertedero incontrolado, que no es legal de acuerdo con la nueva legislación y las instalaciones que se construyeron para disminuir drásticamente los vertidos no funcionan.
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