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La profunda voz de Luis del Olmo hace más de 30 años que despierta cada mañana a los españoles. Este viernes ha estado en Lanzarote, desde donde ha emitido 'Protagonistas', el programa más veterano de la radio en España. Pero el prestigioso periodista no es la primera vez que visita la Isla. Hace casi 40 años descubrió sus paisajes y rincones más especiales de la mano de César Manrique.
—Usted conoce bien Lanzarote. ¿Qué relación guarda con la Isla?
—Hace 38 años, que son los que llevo casado, mi mujer y yo tuvimos la buena idea de visitar Lanzarote en nuestro viaje de novios. A mí me apasionaba conocer personalmente a César Manrique. Cuando yo me presento ante él, hete aquí que César era oyente mío. Me enseña la Isla, su casa y nos hicimos buenos amigos. Además, ésta es la tercera o cuarta vez que venimos a hacer 'Protagonistas'. Lanzarote forma parte de mi vida y de la del programa.
—¿Años después, todavía se percibe la huella de César Manrique?
—Yo creo que se nota cuando uno visita su obra, aunque probablemente si César levantara la cabeza seguramente se cogería un cabreo muy serio y ordenaría que más de un edificio -porque a él se le hacía caso- fuese derribado. Así y todo, creo que queda el espíritu de César Manrique para que no se mancille la geografía del territorio. Si alguien le desoye está incumpliendo con la voz del buen gusto y de los buenos sentimientos de esta Isla.
—¿Qué piensa un periodista con su experiencia cuando le cuentan que durante la última legislatura, en Lanzarote, han pasado por la presidencia del Cabildo (el gobierno insular), hasta siete personas distintas?
—Que algo no funciona. Cuando hay un baile tan continuo de personajes y de políticos es que algo no funciona. Yo creo que la solución definitiva y la última palabra la tienen los lanzaroteños. En cualquier caso, me parece que si tuviera que elegir una palabra, sería alarmante.
—También en la política española, en los últimos tiempos se ha elevado el nivel de crispación a cuenta de las reformas de los Estatutos de Autonomía. Con una situación inaudita en la que los medios cargan contra los políticos y viceversa. ¿Cuál es su análisis de este proceso?
—Es un análisis triste. Yo no viví el 36, porque no había nacido, pero por lo que me cuentan y por lo que leo, el grado de tensión que hay en este momento podría recordar a lo que pasó en nuestro conflicto civil. Observo que hay unos odios que no había notado nunca. Y esos odios vienen por un mal planteamiento con el 'Estatut' de Cataluña, que tiene todo el derecho a proponerse, como ha hecho Valencia o Galicia. Pero no es definitivo porque las leyes no autorizan que Cataluña se llame, por ejemplo, nación. Lo cierto es que nunca la Iglesia ha estado tan enfrentada con el gobierno de turno.
—¿Quién es responsable de este mal ambiente?
—El otro día, un periodista marroquí me recordó la revuelta que hace unos cinco o seis años se produjo en Ruanda entre los tutsis y los utus. El origen de aquel conflicto que costó un millón de muertos fue una emisora que se llamaba la 'Radio de las Cien Colinas'. Allí había un individuo que fomentaba el odio de los utus hacia los tutsis e invitaba a los utus a matar al primer tutsi que veían. La consecuencia fue un millón de muertos, terrible.
—Un ejemplo duro.
—Éste puede ser un ejemplo quizá brutal, pero es que los pasos se están dando. Como todo el mundo sabe hay una cadena de radio dependiente de la Conferencia Episcopal... para mí es muy triste decir esto, y es que yo hablaba de la televisión basura pero ahora hay una radio basura. La COPE está originando unos odios que no favorecen nada a la sociedad española. Y que Dios lo pare, porque si no, yo no sé las consecuencias... El aroma que hay en la calle es para preocuparse.
—Y después de más de 30 años en las ondas, qué le motiva cada mañana para hacer 'Protagonistas'. ¿Qué reto le queda por alcanzar en el terreno de la comunicación?
—Me gusta esto de la radio, me apasiona la información, me divierte hablar con mis paisanos y hacer debates y contrastar opiniones. Disfruto con un micrófono abierto porque es una ventana al mundo. Con los personajes que hay y con las noticias que fomenta España es para hacer un programa de seis horas como el que hago o uno de 24. Veo que se acerca la hora del adiós y espero que pueda cumplir el programa 10.000, para lo que me faltan dos, casi tres años. Mientras me funcione un poco el coco voy a intentarlo, porque estoy disfrutando con ello y porque, además, no sé hacer otra cosa.
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