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La era del petróleo tiene fecha de caducidad. Esta certeza implica intensificar el ahorro energético y potenciar las energías renovables. Lo advierte Roque Calero, catedrático de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC) y uno de los principales expertos de las Islas en energías alternativas.
—El archipiélago tiene una reconocida dependencia de los hidrocarburos como fuente energética. ¿En qué grado contribuye Canarias a la insostenibilidad del planeta?
—En estos momentos, en Canarias el el 97% del consumo energético son energías no renovables, fundamentalmente petróleo y sólo el 3% son renovables. Por tanto, las Islas tienen muchísimo que hacer en el tema energético. En primer lugar, ahorrando energía. Y el segundo objetivo debe ser incrementar el uso de las energías renovables al máximo nivel posible. En todo caso, si se hiciera todo esto, Canarias siempre dependería del petróleo entre un 30% y un 40%.
—¿Qué tipo de políticas prácticas serían necesarias? Por ejemplo, ¿el concurso eólico del Gobierno es una tirita al problema o es una solución real?
—Es un primer paso de una solución real que no está nada mal. Es decir, llegar a 800 megawatios eólicos es un buen objetivo, aunque se puede ampliar más. Sin embargo, en el caso de otras energías, como la solar, la térmica o la fotovoltaica no se es tan ambicioso, y desde luego en el apartado del ahorro para nada. Creo q donde más se puede hacer es en el ahorro, el doméstico y también en el sector turístico. Las edificaciones futuras en Canarias y la remodelación del sector hotelero se tienen que hacer en términos de ahorro energético.
—Los datos constatan que los consumos energéticos domésticos aumentan. ¿Cómo se pueden combatir estos hábitos?
—En la ciudad de Las Palmas se ha puesto en marcha todo un plan de formación en la educación primaria y secundaria sobre el ahorro energético y los usos renovables, un proyecto a gran escala con el que se quiere formar a los jóvenes. También se está haciendo un proyecto en la mancomunidad del sureste, donde se va a empezar una campaña de información masiva a la población sobre cuáles son los beneficios de ahorrar energía, porque cuando se habla de ahorrar energía o utilizar energías renovables no se está hablando de que los ciudadanos tengan que hacer un sacrificio: van a vivir igual y van a ahorrar dinero, algo que la gente desconoce.
—Los efectos contaminantes del actual modelo energético se están vinculando a fenómenos meteorológicos desastrosos. ¿Cuál es el diagnóstico de la Tierra?
—Eso es muy difícil de saber. Lo que sí conocemos es que los glaciares se están derritiendo, que la temperatura del mar está subiendo, que si esto va al ritmo que va puede ser peligrosísimo en los próximos 30 o 40 años. Creo que pocos discuten que lo que está sucediendo tenga que ver mucho con la contaminación atmosférica: es decir, por devolver a la atmósfera, el dióxido de carbono que se acumuló durante millones de años en árboles y que está enterrado en forma de carbón y petróleo. Hay algo que se puede hacer, y es ahorrar energías fósiles, utilizar tecnologías más limpias... La mejor solución para que el mundo ahorre y cambie a las energías renovables es que el petróleo duplique o triplique su precio.
—Existen medidas gubernamentales que se están implantando quizás con más sombras que luces, como el protocolo de Kyoto. ¿Cuál es su efecto en Canarias?
—Hay algo que hace a Canarias atípica frente al protocolo de Kyoto, que lo que penaliza es el exceso de emisión contaminante. Es decir, alguien definió cuál es nuestro nivel normal de emisión y si se sobrepasa se nos va a penalizar. Canarias va a ser penalizada porque es una región despilfarradora de recursos energéticos, aunque tiene viento, sol e incluso posibilidades de ahorrar mucha energía, algo que no tienen Madrid o Frankfurt. Seguramente seremos penalizados por las dos vías: por contaminar más de la cuenta y por consumir también más de la cuenta.
—¿Qué cambios en nuestra sociedad se pueden producir a medida que se agoten las reservas de petróleo?
—Se está hablando desde hace muchos años sobre este agotamiento: se dan 40 años para el petróleo y 60 para el gas al ritmo del consumo actual. Se están descubriendo nuevos yacimientos -cada vez menos, dicho sea de paso- pero la duración del producto se mantiene constante; es decir, que los nuevos yacimientos apenas están compensando los excesos de consumo. Hay muchas previsiones, pero será entre el 2010 al 2020 cuando se marcará la pauta definitiva de la caída de la producción respecto al consumo y por tanto vendrá el disparo de los precios. Eso es mañana y las consecuencias van a ser tremendas, espectaculares, catastróficas... el mundo no sabe vivir sin petróleo, está construido sobre petróleo.
—Precisamente por ese agotamiento se están tratando de descubrir nuevos yacimientos en lugares de difícil acceso, como son las aguas profundas. Un ejemplo lo tenemos cerca de Canarias, con las prospecciones de Repsol-Ypf.
—Nuestra dependencia del petróleo y del gas es tan elevada, nuestra civilización está tan montada sobre esos recursos que es inevitable su extracción. Yo estoy convencido de que si en esa zona hay petróleo y gas se sacará, nos guste o no a los canarios. Cuando se exploran posibles yacimientos en zonas profundas como en el caso de Canarias, donde hay tan pocas probabilidades de que aparezca petróleo y gas extraíble a coste económico es una señal de que las cosas van mal. Con en esa necesidad acuciante de obtener petróleo, Canarias no va a poder impedirlo.
—¿Entonces deberíamos resignarnos?
—Mi opinión al respecto es que podemos retrasarlo, pero lo que tenemos que hacer los canarios a medio plazo es plantear reivindicaciones frente a esa situación de explotación que nos garanticen en la medida de lo posible nuestra seguridad frente a cualquier accidente que se pueda producir y, por lo menos, sacar la máxima rentabilidad. Lo que no podemos hacer es decir que no se sacará y lo impediremos, porque no podemos hacerlo, y tampoco podemos decir que nos da igual lo que hagan. Tenemos que imponer una serie de condiciones: que en cada playa haya siete barcos dispuestos por si hay un derrame, inversiones en litoral... de manera que minimicemos los riesgos y saquemos beneficios. Personalmente echo de menos que Canarias no tenga un plan de reivindicaciones.
—¿Qué otro tipo de energías pueden surgir como alternativas al petróleo?
—El sustituto que se está barajando en Japón, Estados Unidos y quizás en Europa dentro de poco es la energía nuclear. Pero hay que decir que ésta es sólo un paliativo, porque uranio barato hay menos que petróleo. Además, los residuos son una cosa tremenda. La única posibilidad son los reactores reproductores de plutonio que se llaman, pero que son un peligro mortal: un derrame de un petrolero de 250.000 toneladas en una zona costera se arregla en 10 años, la naturaleza se encarga de eso, pero un accidente de plutonio no lo arregla nadie hasta algo así como 100.000 años. Es un riesgo que casi nadie quiere correr.
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