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| José Parrilla, vicepresidente del Círculo de Empresarios de Lanzarote. |
Es imposible que la política urbanística del Ayuntamiento de Arrecife pueda generar más polémica. El Círculo de Empresarios de Lanzarote (CEL) ha destapado recientemente extrañas modificaciones en la adaptación básica del Plan General al Texto Refundido de la Ley de Ordenación del Territorio. José Parrilla, vicepresidente del CEL, denuncia que "han desaparecido los fundamentos de derecho que tenía el Ayuntamiento para oponerse al centro comercial de Valterra" y que se está preparando "la desaparición de algunas zonas comerciales y la calificación como comerciales de los grandes suelos industriales".
—El Círculo de Empresarios de Lanzarote (CEL) ha denunciado modificaciones en la adaptación básica del Plan General de Arrecife al Texto Refundido de la Ley de Ordenación del Territorio. En síntesis, ¿qué se ha variado, en qué consisten esos cambios?
—En principio, lo primero que llama la atención es que una norma de tanta importancia pasa desapercibida para la población. Resulta curioso que la adaptación básica fue aprobada en noviembre de 2003 por la COTMAC (Comisión de Ordenación del Territorio y Medio Ambiente de Canarias) y que se publicase en agosto de 2004. La cantidad de errores que tiene no es normal. Y después hay una parte, que es sorprendente y que cuesta calificar de error, que es que desaparece toda la normativa relativa a suelos industriales, que hoy se convierten en comerciales. Además desaparecen los fundamentos de derecho que tenía el Ayuntamiento para oponerse al centro comercial de Valterra. A medida que se va estudiando, se comprueba que los errores se producen en el mismo sentido. Todas las anomalías detectadas apuntan a la misma dirección, preparar lo que luego se intentaría con la revisión del Plan General: la desaparición de algunas zonas comerciales y la calificación como comerciales de los grandes suelos industriales.
Sin caer en la teoría de la sospecha, el análisis de todos los errores apunta a que a comerciantes consolidados de Arrecife se les quita el suelo, mientras que los propietarios de grandes suelos industriales aparecen ya consolidados. Después, hay una gran cantidad de errores que invalidan este Plan General y esperemos que los rectifiquen, que no sigan insistiendo.
—¿A qué intereses beneficia esta "trama propia de municipios sicilianos", como usted la ha definido?
—También dije que los sicilianos tienen municipios muy transparentes y democráticos. La verdad es que uno cae a veces en los tópicos, como fue el caso. Un amigo me dijo que, probablemente, son los sicilianos los que nos están mirando, a la vista de la vida política de la isla. No debería extrañarse nadie de que existan sospechas. La vida política en Lanzarote, en los últimos tiempos, debería salir en las páginas de sucesos o judiciales. Todos debemos ser conscientes de la debilidad que tienen las instituciones y que entre todos tenemos que rodearlas del respeto y la dignidad que deben tener. No quiero hablar de la cuestión de la posible trama. Pero lo cierto es que si se analizan los hechos, todos tienen un sentido. No tiene por qué ser exclusivamente por intereses de cohecho. En estos momentos de crisis política, el empecinamiento en sacar adelante este Plan General puede ser entendido como una carta, que se considera que si no sale, parece que es una derrota. Y no tiene por qué ser así. Nosotros nos oponemos a este Plan General por las consecuencias que tiene para toda la población.
—El contencioso por el intento de instalar un gran centro comercial en Valterra viene desde hace un lustro. ¿Los ha dejado "tirados" el actual grupo de gobierno del Ayuntamiento de Arrecife?
—En principio el Ayuntamiento está en el contencioso aunque podría ser interpretado que no es así. Parece ser que, por más que se diga que hay más argumentos, no había razón suficiente para eliminar los fundamentos de derecho contra el centro comercial. En cualquier caso, es tal el cúmulo de despropósitos que aparecen en esta reforma que esperamos que por decisión política del Ayuntamiento se rectifique, por las graves consecuencias que tiene y por que no es lo mejor para la ciudad. Si malo es el Plan General por las consecuencias que tiene para la población, peor están siendo las respuestas de algunas personas a los planteamientos críticos. En ningún momento tratan de contestar a lo que se les pregunta sino que lo único que intentan es hablar de conspiración, de que hay intereses, de que no se quiere el desarrollo de Arrecife. Si se sigue por esta vía lo único que sucede es que cada vez aparece un deterioro mayor por más que se invite al diálogo. Debería haber una cierta prudencia en estos momentos y no entablar el tema con demagogia y con discursos para la parroquia, para los fans, sino tratar de razonar que no hay nadie que esté planteando posiciones absolutas.
—¿No han recibido desde que denunciaron los hechos ningún tipo de contestación o invitación al diálogo por parte del Ayuntamiento?
—Hoy -por el viernes pasado- ha habido una respuesta que todavía no conocemos con profundidad. Por lo visto ha hablado la señora alcaldesa en unos términos jugando entre el victimismo, el carácter profético y la utopía de la modernización que nos va a traer el Plan General frente a un Arrecife supuestamente subdesarrollado, frente a una serie de empresarios que lo que quieren es estar en Playa Honda ilegales, según ella. Con esos mismos argumentos, algunos de los comerciantes a los que ella se refiere sufrieron las denuncias de otra parte comercial, y ya la Dirección General de Comercio las resolvió. Por lo visto aún no se ha enterado o no se lo han comunicado. Ese tono no es aconsejable. Ese estilo de delación, de ruindad, recuerda mucho a los pasquines de La mala hora de García Márquez. No es recomendable que las instituciones y las personas que las representan entren en ese mundo. Deben tener comportamientos normales, dar ejemplo, y no entrar en pequeñas ruindades para molestar, que sólo encubren la falta de razones. Estos temas se pueden resolver si se quiere. Me imagino que habrá algún responsable de los errores, aunque no se trata tanto de buscar responsables como de sentarse, escuchar, y no creerse que uno tiene toda la razón porque se ilusione con un proyecto. Los políticos harían mejor en escuchar, sobre todo cuando es un clamor, que en estar dando sermones.
—Uno de los objetivos que ha marcado la actividad del Círculo de Empresarios ha sido tratar de evitar que Lanzarote se inunde de grandes superficies y centros comerciales. Sin embargo, hay personas que defienden justo lo contrario, que cuanta más oferta mejor...
—Si tiene que haber grandes superficies que las haya, pero, ¿por qué éstas no pueden aparecen vinculadas al comercio y a los recursos locales? Se trata de llevar la polémica a otros lugares. En una ciudad que se inunda cada vez que caen cuatro gotas, que las aceras dejan que desear, que existen multitud de problemas, achacar la falta de modernidad de Arrecife a la existencia o no de grandes superficies me parece un poco fuerte y fuera de lugar esta disculpa. Tiene que haber comercios y modernización, pero es curioso cómo áreas completas de comerciantes que tenían sus metros y los tenían con vistas a instalarse, desaparecen. Se los convierten en zonas residenciales o en zonas verdes. ¿Quién es el que se está oponiendo a la modernización del comercio? Nuestra oposición a Pío Coronado fue porque era un proyecto absolutamente desproporcionado para la ciudad, una cosa aberrante y además incumplía la legalidad. ¿Tiene que haber grandes superficies? No sé. Pero por qué ese menosprecio a lo nuestro, a lo que tenemos, por un futuro al parecer esplendoroso que va a venir de la mano de ciertos señores. No es que seamos la panacea, pero creo que el comercio de Arrecife y de Lanzarote tiene bastante nivel y cada vez hay menos diferencias con respecto al comercio de otros lados. En último caso, cuál es la gran modernidad que ha traído esa gran multinacional de la alimentación: hacer operaciones para cotizar en bolsa y especular con ellas, ciertas irregularidades en el tratamiento de fondos, inestabilidad. Decir que son más modernos ciertos comercios que los que son de Lanzarote, a mí me parece un atrevimiento sin límites. Modernidad es traer una planta para desalar agua con energías alternativas, modernidad es tener una ciudad habitable. Lo demás a mí me parece una majadería. ¿Tiene que haber comercios? Nadie se opone a que existan grandes superficies o lo que sea necesario, pero a lo que no estamos es a apoyar el fraude. Oponernos y denunciar este tipo de artimañas no creo que sea oponerse a la modernidad.
—¿Qué es lo que necesita Arrecife para convertirse en la capital dinámica de Lanzarote, algo que está en el centro del debate a raíz de la revisión del Plan General y la propuesta de futuro que hace el Ayuntamiento de la ciudad?
—Lanzarote en su momento tuvo un diseño, el de César Manrique, que ha permitido la incorporación del turismo a la economía de la isla. Pero hay una cosa curiosa. ¿Cómo es posible que después de tantos años Arrecife todavía no haya logrado atraer parte de ese turismo? ¿Es porque no hay grandes superficies o porque las infraestructuras de la ciudad nos ofrecen el espectáculo que nos ofrecieron hace dos días con la visita de los cruceros? Sin tener claro lo que necesita la ciudad, lo que sí digo es que hay que dejarse de iluminaciones. No se puede hacer un Plan General hablando de modernidad cuando se hace a costa de la población y ésta no participa. Lo que hay que hacer es recoger los intereses de la población y capitalizar a las zonas más humildes permitiendo, si es posible, una mayor edificabilidad, como en el caso, por ejemplo, de Titerroy.
El problema que afecta a Lanzarote es que el papel que ha desarrollado la política institucional en estos últimos años es el principal obstáculo que tiene la Isla. La iniciativa privada ha respondido bastante bien y la gestión institucional no. Llega un momento en que por más que existan empresas punteras, que sean competitivas, eso no basta para mejorar una población y tener posibilidades de futuro. O existen institucionalmente unas políticas coherentes, estables y con cierta humildad o no tenemos nada que hacer. El principal cuello de botella que tenemos en Lanzarote es el funcionamiento de las instituciones. Aquí nadie se responsabiliza de nada, llevan años gobernando y echan la culpa a conspiraciones. Me da la sensación de que cada vez que uno plantea que lo que se pretende con el Plan General supone un empobrecimiento para la mayor parte de la población y un enriquecimiento para pocos, parece que nos vienen a decir algo así como que la modernidad lo exige. Los responsables no tienen culpa de nada y nos conducen a un juego entre lo inevitable y lo imposible. Hacer la formulación de un Plan General que mejore Arrecife y que, a ser posible aumente la riqueza de los pobladores es, por lo visto, imposible, no se puede, y aquí lo que hay que hacer es una idea luminosa que tienen, enriqueciendo en zonas especulativas a ciertos señores pues así viene el futuro garantizado para todos. Cuando hay una protesta no se escucha, se dice que hay intereses y que se está detrás de una conspiración política. Esta vez no se ha dicho "no se metan en política", aunque lo sugieren. Son medidas políticas las que llevan al empobrecimiento de muchos sectores de la población y todavía se pretende que no se le pueda dar respuesta.